Existe una idea muy generalizada y un tanto romántica respecto del embarazo, tan conocido como “la dulce espera”.

Muchas mujeres llegamos a este estado con cientos de ideas preconcebidas respecto a cómo nos veremos y sentiremos durante esa etapa, cómo nos verán los demás, cómo nos relacionaremos con nuestra pareja (en caso de contar con ella), entre otras cosas.

Pero lo cierto es que pocas veces esas expectativas se cumplen en la vida real. La imagen “rosa” de la mujer embarazada y sonriente pocas veces se da en la realidad.

Un embarazo viene a irrumpir en la vida de las mujeres con una fuerza impetuosa, sorprendiendo con cambios físicos, hormonales, emocionales y psicológicos que nos confunden, e incluso muchas veces nos hace sentir culpables por no sentirnos tan felices como se supone que deberíamos.

El embarazo es una etapa llena de nuevas emociones, en donde nos vemos en el desafío de volver a armarnos, a la luz de nuevos roles. Nos exponemos a crisis propias de los cambios de estructuras y nos vemos en la necesidad de reconstruir la imagen que tenemos de nosotras mismas y de todo lo que nos tiene como parte.

La relación con el trabajo, la familia, la pareja, la vida social, nuestra imagen corporal, nuestro estado de ánimo… todo se ve puesto en jaque por estas nuevas circunstancias que modifican todo lo conocido… mucho más si estamos recién convirtiéndonos en madres.

¿Qué hacer entonces con todos estos movimientos internos? ¿Cómo compatibilizar este terremoto interior con la expectativa de espera dulce y feliz?

Obviamente no existe una fórmula única y mágica que sirva para hacerlo, pero creo que estos pasos pueden ayudar a transitar esta etapa de forma más placentera y calma:

1.- Identificar las creencias previas: todo lo que alguna vez creímos o nos dijimos en relación a un embarazo, los juicios que teníamos de cómo debíamos vernos, sentirnos o actuar. Muchas veces el solo hecho de hacerlo nos deja en evidencia la causa de nuestro malestar. Si por ejemplo creíamos que al estar embarazada debíamos vernos de tal forma, y ahora el espejo nos muestra algo diferente… si debíamos subir solo X cantidad de kilos, y resulta que no cumplimos con ese objetivo… si queríamos tener una pareja consolidada, y resulta que nos encontramos solas o en crisis de pareja… si esperábamos tener una mejor situación económica o laboral que la que en realidad tenemos… si queríamos prepararnos mejor, o lo que sea…

2.- Soltar los juicios, aceptar: Sostener los juicios viejos que ya no encajan implica hacer que nuestra mente juzgadora actúe sobre nuestras emociones, generando resistencia, culpa, malestar, angustia… lo que nos contamina y nos duele. Aceptar es partir de una nueva base: soltar aquéllo que ya no puedo cambiar. Quizás mi realidad no encaja con aquélla idea romántica que tenía del embarazo. Pero esa idea romántica es solo una creación de mi mente, una fantasía que hoy no me sirve para nada, más que para resistirme a lo que sí existe. Aceptar es soltar lo que no puedo cambiar, al mismo tiempo que identificar lo que sí puedo, y hacerme cargo de eso.

Qué cosas necesito aceptar? que me siento diferente a como creía que me iba a sentir, que siento deseos de llorar, que me enojo con más facilidad, que mi cuerpo se siente más cansado de lo que esperaba, que no tengo tantos deseos de trabajar como antes, que mi pareja no reaccionó como yo creía que lo iba a hacer… Todo lo que está en el pasado, todo lo que responde a las fuerzas de la naturaleza o a la voluntad de un tercero, representa aquéllas cosas que necesito aceptar.

3.- Identificar las cosas que sí puedo cambiar, y trabajar en eso: muchas veces creemos que aceptación es sinónimo de resignación. Sin embargo no es así… aceptación es lo contrario a resistencia. Es dejar de sufrir por lo que no puedo cambiar. Pero es empezar a trabajar en cambiar aquéllo que sí puedo. Solo partiendo de una sana aceptación podré salir de la queja y el victimismo para comenzar a hacerme cargo de generar la nueva realidad que quiero.

Qué cosas puedo hacer para sentirme mejor? qué cosas me generan bienestar? qué tipo de ayuda necesito? a quién puedo pedírsela? Contar mis recursos, mis posibilidades, empezar a ver lo que sí puedo hacer.

4.- Fluir: entregarme al momento presente, tal cual es. Decirle que sí a esto que hoy se presenta ante mí, usar mis sentidos para conectar con lo que pasa en mi cuerpo, para relacionarme con lo que me rodea. Callar un poco la mente, los pensamientos automáticos no solicitados, y conectar con la realidad que hoy tengo en mis manos.

Muchas veces nuestra mente nos lleva a vivir en una realidad que no existe, impidiéndonos disfrutar de la vida que en verdad tenemos.

Un embarazo es una etapa en la vida que, ideal o no, esperada o no, deseada o no, dura muy poco tiempo si lo miramos en perspectiva.

Y aún con todas sus dificultades, nos brinda la posibilidad de redescubrirnos y rearmarnos a partir de una nueva experiencia plagada de emociones y aprendizajes.

Quizás no sea lo que esperabas, pero seguro saldrás enriquecida de esto si te atreves a sumergirte en sus aguas.

Mónica Kofler – Coach Ontológico

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