¿Qué distancia hay entre la madre que soy y la madre que quiero ser? 

Definirlo me dará, como siempre digo en mis cursos y talleres, el punto de partida para poder trazar el camino en el mapa. De nada me sirve el mapa si no soy capaz de definir el lugar en el que estoy parada. Tampoco podré llegar a ningún lado si no tengo en claro el lugar al que quiero ir.

Punto de Partida: ¿Qué Madre estoy siendo?

No se trata de mirarme con ojos juzgadores, ni mucho menos de generarme culpa por no estar siendo la madre que quisiera. Simplemente se trata de mirarme a mí misma, observarme en silencio (en el silencio de mi mente), reconocerme, reconectarme, descubrir mis detalles, y ACEPTARME.

Ningún cambio es posible si no puedo partir de la aceptación. Aceptación que NO ES resignación. No, no me resigno a seguir siendo así. Me acepto porque acepto mis circunstancias, mi trayecto, mis dolores, mi pasado. Acepto mis dificultades, mi nivel de conciencia y todo lo que me hizo ser lo que hoy estoy siendo. Lo acepto en todo lo que me construye. Y ahora que puedo verlo le digo “hasta acá”.

Porque ahora que puedo verme a mí misma, reconocerme y aceptarme en todo lo que arrastro, también puedo ver claramente si eso que estoy siendo tiene la capacidad de llevarme a donde quiero llegar. Y si no puede llevarme, tengo en mis manos el poder y la capacidad de cambiar de rumbo.

Solo dos preguntas voy a hacerme para saber si estoy siendo la madre que quiero ser: 

  1. ¿Qué legado quiero dejar a mis hijos? Cada una podrá contestar algo diferente. Mi respuesta es simple: quiero enseñarles a ser felices.
  2. ¿La madre que estoy siendo permite dejar este legado? 

A estas preguntas me las hice hace unos años ya. Cuando mi hija más grande apenas empezaba a asomar en mi vientre. Y la respuesta fue dolorosa pero necesaria: un NO rotundo.

No estaba siendo la madre que me permita dejar en mis hijos el aprendizaje de la felicidad. Por una sola y sencilla razón: yo no estaba siendo feliz.

Y ese punto de partida fue el punto final para muchas cosas. Y el comienzo de un nuevo y maravilloso camino.

La Madre que quiero Ser

En ese momento la madre que quería ser estaba lejos de mi vista. Ni siquiera podía imaginarla. Solo sabía que quien yo estaba siendo no era quien quería ser. Que para enseñar a mis hijos a ser felices, debía ser feliz yo. Intuía que no podía darles algo que yo misma no tenía. Y eso fue doloroso. Porque me puso ante el desafío más grande de mi vida.

Pero el motivo lo valía y me alimentaba. Estaba trayendo un nuevo ser al mundo, uno que amaba con toda mi alma. Y no podía correr el riesgo de ser responsable de su infelicidad.

El camino desde aquél día ha sido un tanto zigzagueante, con altos y bajos, pero cada día más maravilloso que el anterior. Mágico. Con sentido. 

Soy una convencida de que la maternidad es el terreno más óptimo para sanar, porque nos enfrentamos al para qué más grande que podemos enfrentarnos en la vida. Y ese para qué es capaz de darnos el combustible para seguir buscando.

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